VIAJE A TANZANIA EN SILLA DE RUEDAS II

0
Imagen de José Ramón y su mujer junto a vehículo de safari.
Safari por Tanzania.

La siguiente etapa sería el cráter del Ngorongoro. En realidad, es una caldera que colapsó hace 3 millones de años dejando una planicie de unos 20 km de diámetro donde conviven las especies más emblemáticas de la fauna africana. Hay un lago en medio que provee de agua a todos los animales. Ahí se pueden ver también miles de flamencos.

Imagen de grupo de elefantes junto a 4x4.
Manada de elefantes

La reserva consta de la caldera propiamente dicha y de una inmensa zona de conservación alrededor de la misma. La entrada al parque nacional da acceso a una zona preciosa, muy verde con laderas que caen al costado de la carretera. Después se llega a la zona donde viven los masái, ahí ya vimos jirafas y cebras que conviven con el ganado de los masái. A los 6 km de la entrada existe un mirador desde el que se ve todo el cráter. A la barandilla del mirador no se puede acceder con silla de ruedas porque hay tres escalones, pero desde arriba de estos se puede admirar un paisaje que corta la respiración.

Como he dicho la bajada al cráter merece la pena por sí misma pero una vez dentro del mismo la densidad de animales es enorme. Hay también muchísimas especies de aves. Una de las cosas que más me impresionó fue ver atravesar un gran rebaño de ñus y de cebras uno de los riachuelos que desembocaban en el lago central. Además, el comienzo de las lluvias en esta época hace que todo esté muy verde.

Para comer nos fuimos a una zona acotada para visitantes con baños. Nuestro guía había cogido picnics en el hotel para todos y ahí nos detuvimos a reponer fuerzas. Impresiona ver los rangers con los fusiles que están para que no haya ningún incidente con los animales.

Imagen de pareja junto a guía disfrutando de un tente en pié, junto al vehículo 4x4.
Reponiendo fuerzas

Después de comer pasamos toda la tarde recorriendo el cráter, no nos dejamos ni un rincón sin visitar. Vimos búfalos, ñus, cebras, aves, una gran familia de leones dormitando, muchos jabalíes africanos o facóqueros. El Ngorongoro tiene rincones maravillosos.

A la mañana siguiente abandonamos el Marera Valley tras un buen desayuno y despedirnos de los empleados del hotel que eran muy simpáticos. Antes de abandonar la zona de conservación del Ngorongoro nos paramos en un poblado masai tradicional. Las chozas están ellas con barro compuesto básicamente de boñigas de animales, paja y el techado de ramas. Los masai ya no viven así. Esto hay que tomárselo como un espectáculo, te muestran cómo hacen fuego frotando madera y luego hay un baile de bienvenida. Es una manera que tienen de vivir del turismo. Esta visita es totalmente accesible. Me resultó muy curioso el aseo que tienen fuera del poblado para los turistas que es una choza con dos agujeros para hombres y mujeres, aunque no para silleros me temo.

Imagen de la pareja junto a tribu con atuendos característicos del grupo, capas de colores y grandes collares.
Poblado Masái

El viaje desde el Ngorongoro hasta el Serengueti es largo por caminos pedregosos que bambolean mucho el 4×4. Además, si te toca un día seco, los camiones y los todoterrenos levantan muchísimo polvo con lo que hay que ir con las ventanillas cerradas eligiendo entre comer polvo o estar en la sauna.

En la frontera entre el Serengueti y el Ngorongoro se agolpan cientos de muchachas masai que intentan vender sus productos de artesanía. Hay que tener cuidado ya que son muy insistentes.

En el interior del Serengueti ya no hay masais, de hecho no hay poblaciones humanas salvo las relacionadas con la reserva.
Esta reserva es inmensa y es inabarcable, comprende dos países, Kenia, donde se llama Masai Mara y Tanzania donde es el Serengueti.

Nada más entrar vimos muchos herbívoros y, una vez más adentro, una familia de leones bajo una acacia al lado del camino, la verdad es que nuestro primer contacto con el Serengueti fue impresionante, animales por todos los lados. Tuvimos la suerte de ver un serval y un leopardo muy cerca de nosotros.
Al anochecer y con lluvia llegamos a nuestro hotel el Serengeti Serena Safari Logde.

Imagen de alojamiento tipo choza.
Serengeti Serena Safari Logde

Se encuentra dentro de la reserva. Está hecho como si fuesen chozas, en cada una de ellas hay dos plantas con una habitación en cada planta.

A pesar de que habíamos solicitado accesibilidad tanto en las habitaciones como en las partes comunes, nos adjudicaron, otra vez, una habitación con escalones en la entrada, después el acceso al bar y al restaurante no era tampoco accesible, aunque descubrimos el último día que había un sendero por detrás para llegar al restaurante sin tener que subir escaleras.
El caso es que nos quejamos y nuestra agencia llamó, vía la agencia local al hotel para quejarse, con lo cual vino a vernos el director. Nos pidió mil excusas y nos ofrecieron como desagravio las bebidas gratis. Al día siguiente nos cambiaron de habitación, con rampa esta vez, pero como el director nos puso un agente de seguridad para lo que necesitase, siempre venían a buscarnos para llevarme a dónde quisiera. Esa noche me llevaron en volandas a ver el espectáculo después de la cena, fue genial.

La comida era espectacular, el problema es que por dónde me llevaban a mí no podía acceder a la zona del bufet con lo que mi hija me traía todo lo necesario. Pensándolo después creo que con una silla de ruedas con un batec potente igual sí que se puede acceder al restaurante por una zona sin escalones, en mi caso, con la silla alquilada fue imposible sin ayuda.
Por cierto, la piscina tampoco la usamos, aunque no hizo tiempo para bañarse. Se puede llegar al borde con la silla, pero no hay acceso adaptado.
La siguiente mañana nos levantamos temprano para pasar todo el día en el Serengueti, el ambiente era lluvioso y eso a mí me encantaba, una chaqueta no venía mal. Nuestro guía nos llevó por zonas llenas de animales.
Al mediodía decidimos volver a comer al hotel, como estaba dentro de la reserva. Fue interesante porque no había nadie y, como he dicho, nos trataban como a reyes, el personal es formidable.
Por la tarde el ambiente era más relajado. En el Serengueti los paisajes son espectaculares, la vista se pierde en el horizonte. Había familias de elefantes, enormes rebaños de ñus que venían de la zona de Kenia, una maravilla.

Como siempre, al regreso al hotel, volvió a llover.

Nuestro último día en el Serengueti transcurrió por zonas más áridas donde hay afloramientos rocosos y, en ellos, suele haber bastantes animales. Este día vimos guepardos, rinocerontes y los elefantes que están por todos los lados. Comimos en una zona habilitada dentro del parque nacional, una especie de centro de interpretación en el que había muchísimos turistas.

Desgraciadamente lo bueno se acaba así que el último día nos levantamos pronto y nos despedimos del magnífico hotel. Nos han asegurado que mejorarán las instalaciones para recibir más clientes con movilidad reducida.

Imagen de elefante en el Serengeti.
Dentro del Serengueti hay un aeródromo que enlaza con avionetas otros aeropuertos más grandes. De nuevo nos habían asegurado que todo estaría preparado para subir a la avioneta, sin embargo, ya vi yo que nada estaba previsto.

Así que lo que hice fue llamar a la agencia para que se quejase, desde la agencia local llamaron al aeródromo para ver qué pasaba, pero allí nadie se responsabilizaba de nada.

La avioneta llegó con bastante retraso y al embarcar el piloto me preguntó si podía subir, yo le dije que hacía meses que habíamos previsto este problema, pero él no sabía nada. De todas formas, era muy resolutivo así que llamó a varios operarios, también se unió a ellos nuestro guía y, entre todos, me subieron a pulso con la silla a la avioneta. Tuvieron que quitar una fila de asientos para que yo pudiera entrar.

El vuelo fue genial, se ve toda la zona desde la avioneta, yo nunca había volado en este tipo de aparatos, me gustó.

Al llegar al aeropuerto de Arusha, el piloto desapareció y tuve que explicarles a los operarios cómo debían hacer para bajarme del avión. De nuevo quitar los asientos y bajarme a pulso.

Allí nos esperaba alguien de la agencia para llevarnos en coche hasta el aeropuerto internacional de Kilimanjaro. Antes de entrar me llamó la directora de la agencia local para pedirme disculpas por todos los inconvenientes. En ese sentido fueron muy amables.

El vuelo de vuelta se realizó también via Addis Abeba dónde tuvimos que esperar en la zona habilitada hasta que salió el vuelo hacia Europa.

En conclusión, diré que ha sido una experiencia enriquecedora a pesar de los inconvenientes. Os animo a conocer Tanzania, sus gentes y sus preciosos parques nacionales.

Post escrito por José Ramón

En el siguiente enlace puedes encontrar la primera parte de este espectacular viaje.

Viaje a Tanzania en silla de ruedas (parte I)

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, indica tu comentario
Por favor, indica aquí tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.