Mi nombre es José Ramón y estoy afectado de una distrofia muscular degenerativa.
Siempre me ha gustado mucho viajar sin embargo, a consecuencia de la pandemia y de otras circunstancias llevamos desde 2019 sin hacerlo. Entre tanto mi enfermedad ha empeorado y puedo apenas caminar.

Imagen de José Ramón y su mujer junto a vehículo de safari.
Safari por Tanzania.

Nuestro viaje a Tanzania lo proyectamos como una celebración del sexagésimo cumpleaños de mi mujer y como un desafío para descubrir si yo podía aún permitirme un viaje de este tipo.
Tras varios meses navegando por internet en páginas como Silleros Viajeros, soñando con las múltiples posibilidades, decidimos contactar con una agencia de viajes especializada en personas con movilidad reducida. Todo un descubrimiento de trato amable y personalizado.

El dilema planteado era llevarse o no la silla de ruedas ya que yo aún puedo caminar con muchísima dificultad, pero puedo hacer varios metros. Mi problema es la transferencia sentado a de pie. La chica de la agencia me aconsejó alquilar una silla de ruedas manual en el destino ya que una propia podría sufrir bastante, como así pude constatar.

El vuelo salió el 28 de octubre haciendo escala en Addis Abeba con Ethiopian Airlines. Diré que esta compañía no es de las más cómodas para alguien tan alto como yo, no hay mucho espacio entre asientos.

Cuando uno llega al aeropuerto de Addis te dejan esperando en un lugar con todas las personas que necesitan asistencia. Si tenéis tiempo hay que decirles que quieres visitar las tiendas y que te digan a qué hora pasarán a buscarte para llevarte al siguiente avión. Si no, te dejan ahí inmovilizado si no tienes silla de ruedas.
De Addis Abeba al aeropuerto internacional de Kilimanjaro son dos horas. Este aeropuerto es más pequeño, pero a mí me dio la impresión de estar mejor organizado.

A la salida nos estaban esperando con la silla de ruedas alquilada y una furgoneta que nos llevó a nuestro primer hotel, el Serena Arusha.

Imagen del complejo rodeado de naturaleza. Alojamientos tipo choza.
Serena Arusha

En este hotel las habitaciones están diseñadas como chozas y para acceder a la nuestra no había barreras salvo un escalón a la entrada de la habitación. Había un plato de ducha, pero el inodoro no tenía barras de apoyo.

Tanto la recepción como el restaurante no son accesibles, a mí me tuvieron que subir con la silla entre varios al comedor tanto en la cena como en el desayuno. Tienes que estar dispuesto a que te ayuden de esta manera.

Al día siguiente nuestro guía nos llevó a Arusha para una clase de cocina tradicional en casa de Mama Mary. El sitio es un remanso de paz. Para los interesados dispone de alojamiento, lo podéis encontrar por internet y, al menos lo que yo vi es totalmente accesible. Mama Mary nos enseñó su casa, charlamos alrededor de los platos cocinados y nos relajamos antes de acometer el primer parque nacional.

 

Imagen de José sentado en una butaca.
En casa de Mama Mary

Explicaré que el 4×4 que tuvimos nosotros, conducido por nuestro guía Samir, no era adaptado tampoco, eso lo hablé antes con la agencia. Si podéis levantaros de la silla, los conductores os ayudarán, como fue mi caso, a instalaros. Yo me senté durante todo el viaje en el asiento al lado del conductor con la ventanilla bajada en todo momento, no es peligroso. Mi mujer y mi hija, sentadas detrás, disfrutaron de la vista por el techo abrible del coche, levantándose cuándo había animales.
He visto por internet que en algún sitio hay coches adaptados con montacargas para sillas de ruedas, sin embargo, yo no los vi por ningún lado. Informaos de esta posibilidad si lo necesitáis ya que deben existir.

Tras la agradable comida con Mama Mary salimos para visitar nuestro primer parque nacional, Tarangire. Las dos horas de viaje hasta la entrada dan para mucho. Se atraviesan montañas, el valle del Rift y pueblos con mucha vida. Este parque es el sexto más grande del país y es conocido por los baobabs, árboles que pueden vivir miles de años.

Imagen de la parte delantera del 4x4, José junto al conductor.
Llegando al parque nacional de Tarangire

El encuentro con los primeros animales salvajes es algo impresionante. No te lo imaginas si no lo ves. No tiene nada que ver con los mismos animales que vemos enjaulados aquí en Europa.
El parque es maravilloso. Fue nuestro primer contacto también con una gran familia de elefantes.

Al caer la tarde llegamos a nuestro hotel que se encuentra en el límite del parque nacional. Se encuentra en una ladera, en la parte alta y desde las cabañas se divisa toda la reserva, una maravilla.
A la llegada te reciben en una caseta que hace las veces de recepción, firmas los papeles y te asignan tu cabaña. El lodge, que se llama Sangaiwe Tarangire tiene cabañas adaptadas. La subida en silla de ruedas desde la recepción no es posible hacerla sin ayuda ya que, aunque no hay escaleras, hay mucha pendiente. De nuevo los empleados del hotel fueron muy serviciales. A nuestra cabaña se accedía por una rampa, en lugar de las escaleras de las otras. Son una especie de tiendas de campaña. La ducha es plana pero el inodoro, otra vez, no tiene barras de apoyo. El lodge tiene una piscina que no es accesible, pero te puedes acercar hasta el borde y tomarte algo allí.
Para la cena te tienen que ayudar porque hay mucha cuesta. La verdad es que cenamos muy bien.
Esta noche me encantó porque estuve escuchando las cebras, elefantes y otros animales desde la cabaña. Además por la mañana te despierta el canto de miles de pájaros. En esta época, la mañana es húmeda y, para mi, le da un encanto especial.

Imagen de las cabañas del hotel con Tarangire al fondo.
Sangaiwe Tarangire

Tras un desayuno consistente en el lodge me bajaron por el camino empedrado hasta el coche. Continuamos la ruta hasta el pueblo de Mto Wa Mbu, a medio camino entre Tarangire y el Ngorongoro y muy cerca de nuestra siguiente etapa que sería el lago Manyara.
Fuimos acogidos en una organización social llamada TAWESO con la intención de visitar un arrozal y una plantación de bananas. Se suponía que era accesible en silla de ruedas pero, desafortunadamente no para la mía. Quizás con una silla con Batec sea posible. En mi caso, tras un intento de transportarme por los caminos pedregosos del pueblo tuve que subirme de nuevo al coche para la visita de los lugares propuestos.
Es muy interesante ver cómo cultivan el arroz y la plantación de banana roja, muy extendida en la región y muy rica, por cierto.
Al lado de la plantación de bananas hay una asociación de artistas, sobre todo pintores. Es un buen lugar si queréis llevaros un recuerdo de la zona.
Más tarde fuimos a un mercado local en el pueblo, es una barriada a la que se accede por tablones que salvan unas acequias de aguas residuales por lo que yo no pude verlo. Mi mujer y mi hija entraron y estuvieron visitando los puestos, sobre todo fruta, verdura y alguna carnicería.

Imagen del 4x4 con José de copiloto y conductor en el exterior junto a su puertaPara terminar la mañana nos llevaron de nuevo a la asociación donde nos ofrecieron una comida tradicional cocinada por mujeres del pueblo. Me encantó probar todas las preparaciones. La batata o boniato, la banana. Todo tiene un pequeño toque que recuerda lejanamente a la cocina india.
Llegó el momento de salir hacia el lago Manyara. Esta reserva es conocida por los leones que trepan a los árboles. Sin embargo, el guía nos dijo que no nos hiciéramos muchas ilusiones que en esta reserva es muy complicado verlos, como así fue.
Lo que más me gustó de este sitio fue la gran cantidad de vegetación, en realidad parecía que estuviésemos en una selva tropical más que en la sabana. Los animales no se ven tan fácil ya que la tupida vegetación lo impide. Es un lugar muy popular también para la observación de aves. Existen numerosas especies y fáciles de ver. Los que sepan de aves identificarán algunas similares a las europeas, pero, en general, es complicado identificarlas.
Al finalizar la tarde salimos del parque y nos dirigimos a nuestro hotel, en este caso el Marera Valley Lodge en el camino hacia el Ngorongoro y cerca de un pueblo llamado Karatu.
Me detendré en la descripción de este hotel ya que, en cuanto a la accesibilidad fue el mejor en el que nos alojamos.

Imagen del interior del baño.
Sangaiwe Tarangire

Todas las instalaciones del hotel son accesibles, el restaurante, el bar, la recepción, bueno, hay un bordillo para entrar, los caminos que llevan a las habitaciones.

No os puedo decir si la piscina es accesible, pero me dio la impresión de que no. Sin embargo, tomarse una copa en la terracita que hay cerca es un lujo.

La habitación que nos dieron, pese a haber pedido que fuese adaptada, tenía tres escalones a la entrada, muy complicado para mi así que fui a la recepción y les dije que esto no podía ser que habíamos reservado habitación accesible. Después de protestar nos dieron una habitación con rampa de entrada y sin barreras. El baño no tenía barras de apoyo pese a habernos asegurado que sí. Por la noche nos fuimos al restaurante, os aconsejo que llevéis una linterna, no sólo en este hotel pero aquí nos fue muy útil ya que los caminos no están muy iluminados. La cena fue maravillosa, te sirven una crema buenísima en un cuenco que es una cáscara de algún fruto exótico que no identifiqué y después, la cena es bufet. Tengo muy buen recuerdo de este restaurante.

El hotel se encuentra en la ciudad de Karatu, al día siguiente nuestro guía nos esperaba después del desayuno, esta vez sin maletas ya que estaríamos otra noche en este hotel.

En Karatu fuimos a una plantación de café con su ingenio asociado. Un ingenio es todo lo que hay alrededor preparado para el procesado del grano, su molino, su hornillo, etc. Estas instalaciones se encuentran a un par de kilómetros de la plantación. En ellas nos explicaron lo que haríamos. De nuevo intentamos desplazarnos con la silla de ruedas, pero fue imposible, el camino arcilloso en un principio sí permitía el desplazamiento de la silla pero cuándo encontrábamos una piedra ésta se atascaba y los dos empleados del café se fatigaban todo el tiempo pese a su buena intención. He de decir que la silla empezaba a encontrarse en un estado deplorable, nuestro guía intentaba repararla todas las noches pero no servía de mucho.

Al final tuvimos que llamar de nuevo a Zamir que vino con el coche y nos llevó hasta la plantación donde nos dieron todas las explicaciones del cultivo.
Después volvimos a donde nos habían recibido para la explicación del molido, separación de la cáscara, tueste y demás. Fue muy divertido porque pudimos golpear una especie de mortero gigante donde se separa el café de la cáscara. Esto lo hicimos cantando la canción del país que es “Hakuna Matata”.

La aventura continua en el siguiente post……..Viaje a Tanzania en silla de ruedas II

Post escrito por José Ramón

 

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