El pasado mes de marzo, realicé un viaje por Uzbekistán y tres de sus principales ciudades. Organicé el viaje con Chiclana Tours, pues Ana es un crack y está más que acostumbrada a buscarme rutas a medida, con desplazamientos, alojamientos y soluciones accesibles por todos los destinos del mundo que se me ocurren.
Uzbekistán ha resultado ser un destino mucho más bello y cómodo de lo imaginable. A pesar de haber visitado casi una treintena de países, creo que ha sido mi mejor destino con diferencia, solo superado por Egipto. De hecho, aplacé este viaje durante años hasta poder caminar un poco pensando que iba a ser muchísimo más complicado de lo que realmente ha sido. Y posee un patrimonio descomunal e inabarcable. La gente es amable y acogedora como en pocos lugares y es un país super seguro para moverte libremente.
Hay que advertir que a pesar de que mi experiencia ha sido magnífica, no es un país completamente accesible. Las calles principales están asfaltadas e iluminadas, pero en cuanto te sales de ahí a zonas menos turísticas no lo están la mayoría. Además, los acerados no están rebajados en casi ningún sitio y salvo en Samarcanda, los principales atractivos turísticos tienen 5 o 6 escalones para acceder al interior. Aun así, ¿es posible ir en silla de ruedas? Rotundamente sí, pero con una condición indispensable: sillas ligeras (yo fui con una eléctrica plegable ultraligera de carbono) para que cuando nos encontremos con un obstáculo, que habrá seguro, podamos sortearlo con ayuda. Y ya os digo que no os van a faltar manos: actualmente puedo subir escalones, y mi acompañante no me había ayudado a subir el primer escalón cuando los locales ya me habían subido la silla arriba. Aunque, como os digo, hay escalones en la entrada de la mayoría de los monumentos de Jiva y Bujará, salvo las cuatro o cinco cosas que os indico, la mayoría valen mucho más por fuera que por dentro, ya que muchas madrazas fueron arrasadas en la época soviética y por dentro son edificios de cal con pequeños museos sobre la vida e historia uzbeca y la mayor belleza del país está en el exterior de sus edificios.
¡Comenzamos! Llegué al aeropuerto de Urgench para de ahí, desplazarnos a 30 minutos en coche a Jiva, donde pasaríamos dos noches. Nos quedamos en el Anor Qal´a, un hotel completamente nuevo a escasos 200 metros de la fortaleza. El personal fue realmente amable (de hecho, se fue la luz por la noche en media ciudad y en 5 minutos me apañaron una solución con un generador para que pudiera conectar el respirador nocturno que necesito) y las instalaciones estupendas, pero la rampa de entrada tenía una inclinación casi imposible, que puede limitaros.
Ichan Kala, en Jiva, es una enorme fortaleza de varios kilómetros, donde mires donde mires dentro de sus enormes murallas de adobe, todo es monumental. La recorrimos entera con el guía y disfrutamos de ella durante todo el día, pues bien merece la pena dedicárselo. Por dentro está toda pavimentada y, con un poco de pericia, puedes ir buscando las diversas rampas para recorrerla entera. Es la ciudad que más interiores tiene destacables que merecen visitar: Mezquita Juma (1 escalón), Mausoleo Pahlavan Mahmud y Complejo Tash Holvi (creo recordar que también 1-2 escalones) y Kunya ArK (algo más complejo, escalones sueltos en el interior). Merece la pena volver al anochecer para verla iluminada porque es brutal.
Al día siguiente, pusimos rumbo a Bujará. Para ello, la agencia nos había buscado un coche con chófer para todos los traslados, puesto que el tren es más complejo, nada accesible y mi principal limitación es que necesito descanso cada 2-3 horas: con el coche pude parar todo lo que hizo falta. Tardamos unas 7 horas de viaje.
En Bujará, nos quedamos 3 noches en el Paradise Plaza, un hotel accesible (por una rampa perfecta pero… de mármol bien pulidito y resbaladizo, como el 100% de las rampas del país…¡sello uzbeco!), super equipado y moderno, con plato de ducha a ras de suelo, habitación super amplia y gran desayuno a unos 10 minutos rodando de Lyabi Huaz, el centro de Bujará. Tuvimos la mala suerte de que media Bujará está en obras, están acabando de poner aceras y pavimentos, lo cual nos complicó un poco la movilidad (y aumentó aun más el polvo ambiental, que es brutal en todo el país), pero aún así fue bastante fácil moverse y, aunque cogimos algún taxi de noche (mucho más cómodo y barato que los TuksTuks) te puedes cruzar toda la zona monumental rodando con 1 solo escalón en 20 minutos.
Bujará para mí es de las ciudades más mágicas que existen, imprescindible su visita. Mires donde mires dentro de su casco histórico, hay una madraza, una cúpula, un edificio espectacular. Su patrimonio es descomunal. Os cuento todo lo que visitamos que, por cierto, para los silleros la entrada es gratuita en casi todos los monumentos del país.
Empezamos viendo el complejo Lyabi Hauz, corazón de la ciudad y con mucha vida de locales, con su estanque, donde hay bares y restaurantes donde comer (yo comí en sitios locales durante todo el viaje, la mayoría a unos 8-10 euros dos personas y muy rico todo). Alrededor hay tres madrazas de lindas fachadas (entré solo en una, tiene 2 escalones, no merece la pena mucho). Tuvimos la suerte de encontrarnos con el festival en honor a Nasrudin, y estaba toda la zona con grupos de folclore local, mucha gente bailando alrededor y puestos de comida con su gastronomía local. La gente es una de las mejores cosas del país, una hospitalidad y amabilidad extrema, nos dejaron unirnos a ellos sin problemas.
La segunda ruta que hicimos, creo que la que recuerdo más compleja con la silla, porque nos costó buscar rutas alternativas accesibles (al final, me comí un tramo de escalones), fue el Mausoleo de Samánidas y el Mausoleo y Manantial Sagrado Chasmai Ayub (creo que sí era accesible) y posteriormente, aprovechamos para ver el Bazar Central que está justo al lado, muy pintoresco.
La siguiente ruta que hicimos empezó por la Mezquita Bolo-Hauz, su exterior es precioso así como su interior (accesible). Justo enfrente, vimos la Ciudadela Ark, que es impresionante tanto por dentro como por fuera (se accede por una rampa y dentro la mayoría de estancias son accesibles. La más bella, la sala de la coronación, lo es). A unos metros, por un paseo cómodo, está una de las cosas que más me enamoró de Bújara: la plaza donde se encuentra el Minarete Kalon junto con la Mezquita Poi Kalon (6-7 escalones, merece mucho la pena entrar) y enfrente, la descomunal Madraza Miri Arab (en obras, no visitable). A esta plaza, recomiendo volver al atardecer o por la noche, pues le pasa como a Jiva, que con la iluminación se convierte en un lugar aún más mágico si cabe. Es una plaza muy muy especial, volví 4 o 5 veces, me cautivó.
Otra ruta que hicimos fue ver los Tres Mercados con sus cúpulas y la mezquita Magoki Attory (solo exterior, fue reconvertida en museo de alfombras) así como la plaza donde están las madrazas de Ulughbek y Abdulaziz-Khan, que es otro de los puntos con más belleza de toda la ciudad (no son accesibles y no merece la pena entrar: sin reconstruir, son un mini mercadillo encalado).
Después de Bujará, hicimos el traslado hasta Samarcanda, tardando 4-5 horas. Aquí todos los monumentos son de colosales dimensiones. Nos alojamos dos noches en el Movenpick, que además de muy accesible y moderno, volvía a estar muy bien situado. Samarcanda se nota que es la capital: muy occidental, bulliciosa, moderna y muchísimo más accesible. Aquí, excepto las dos cosas que cuento a continuación, todo lo que vimos son 100% accesibles y sus calles son ya grandes avenidas con cómodos acerados con rampas (¡estilo uzbeco!) pero con muchas canalizaciones al aire sin rejillas que hacen difícil cruzar con silla sin ayuda.
Nada más llegar, el chófer nos indicó un restaurante local donde probar el famoso Plov, guiso de arroz, carne y verdura que estaba brutal. Luego, me empeciné en hacer las dos visitas más complejas de todo el viaje y las únicas no accesibles de esta ciudad: el observatorio de Ulughbek (muchas escaleras) y el complejo arquitectónico Shaki-Zinda. Este último, de una belleza descomunal, sus fachadas e interiores merecen la pena ser visitados si eres capaz, con mucha paciencia, de subir sus casi 40 empinados escalonazos. También visitamos la fábrica de papel, que yo recomiendo solo si cae de paso y sobra tiempo.
Al día siguiente, visitamos el Mausoleo Guri Emir y, posteriormente, la impresionante Plaza del Registán, el lugar más especial de Samarcanda y que también merece volver de noche. Además, algunas noches tiene un espectáculo de luces nocturno que es curioso de ver. Aquí, visitamos sus tres madrazas para dirigirnos después a la Mezquita Bibi Khonum, también de imprescindible visita. Me sorprendió mucho por la belleza de sus fachadas y sus dimensiones. Justo al lado, está el Bazar Siab, que también visitamos (demasiado turístico, más recomendable el de Bujará).
Y aquí se acaba nuestro viaje, tocaba la vuelta a casa pensando ya en el siguiente destino.
Post escrito por Cristina Cortés.



