SALAR DE UYUNI EN SILLA DE RUEDAS

0
Imagen de Cristina disfrutando de una puesta de sol.
Puesta de sol en el salar de Uyuni

El Salar de Uyuni, en Bolivia, es un lugar único en el mundo. Es mágico. Te quita el aliento y te deja sin palabras. Y se puede disfrutar con silla de ruedas. Yo, como siempre, viajé con mi silla manual y mi handbike batec. Te cuento cómo lo hice.

¡Ah! ¡Importante! Si usas cojín de aire, necesitarás llevar un inflador. Con la altura disminuye la presión atmosférica y el aire del cojín se expande, es decir, se infla más, por lo que habrá que soltar un poco. Al bajar ocurrirá lo contrario y habrá que inflar de nuevo. Y ahora sí, al lío:

Fui allí con Manuel, mi marido, de la mano de Mariana Tours. Los puedes encontrar en https://marianatours.com.bo/index.php/contactenos/ . Era su primera experiencia con silla de ruedas pero tanto el conductor – Guilmer – como la guía – Nicole -, le pusieron ganas e ilusión y no podemos estar más contentos y agradecidos.

Aprovechamos un viaje al Desierto de Atacama en Chile para pasar a Bolivia. Al pasar de un país a otro hay que cambiar siempre de vehículo, pero para los trámites en la frontera no me hicieron descender del mismo; todo lo arreglaron Nicole y Manuel. Nosotros cruzamos por Hito Cajón (en Bolivia lo llaman Hito Cajones).

Él camino a Uyuni es largo y lo recorrimos en dos etapas. El primer día, ya en Bolivia, llegamos a la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa. Y la primera parada es en la Laguna Verde. Con el volcán Licancabur siempre de fondo. Aquí me pude bajar y dar una vuelta con la handbike para ver la laguna más de cerca. Ya estoy alucinada y esto no ha hecho más que empezar.

Imagen de Cristina y su pareja recorriendo un camino de piedra.
Bajando a la Laguna Verde. El Licancabur al fondo
Imagen de Cristina y su pareja con una laguan al fondo.
La Laguna Verde

Siguiente parada: Geiseres del Sol de la Mañana, unos de los más altos del mundo. Son muy diferentes a la imagen de tenemos de un geiser con agua y vapor, aquí la tierra ruge y lo que hierve es lodo, al menos en la parte que visitamos. El paisaje parece de otro planeta. Y se pueden rodar con silla.

Imagen de Cristina en un terreno de piedra y tierra con pequeños bancos de vapor que salen de la tierra.
Rodando entre los geiseres del Sol de la Mañana

Si no llevábamos ya una buena dosis de naturaleza espectacular y belleza, la siguiente parada la hicimos en la Laguna Colorada. Aquí el suelo también es duro y pude rodar a gusto de un lado a otro, disfrutando del agua, los flamencos, las llamas… ¡no sabía dónde mirar!

Imagen de un selfi de Cristina y su pareja con la laguna detrás
Laguna colorada
Rodando junto a la laguna
Rodando junto a la laguna
Imagen de una llama junto a un lago.
Disfrutando del paisaje

Pasamos la noche en un pueblo llamado Villamar, a unos 4300m de altura. Dormimos en un hotel pequeño y sin baño accesible. Yo me lavé los dientes en un aseo al lado del restaurante del hotel. Ya contábamos con ello pero se hace duro.

A la mañana siguiente visitamos el Valle de las Rocas, con formaciones rocosas de múltiples tamaños y formas.

Imagen de Cristina junto a numerosas rocas con formas diversas por la erosión.
Valle de Rocas

Y ahora sí, por fin, UYUNI, una extensión de sal del tamaño de la comunidad andaluza, para hacernos una idea. Nosotros hicimos una parada antes de llegar a la Isla Incahuasi (la isla de los cactus) para disfrutarlo, rodarlo, fotografiarlo, filmarlo… y comer bajo una sombrilla un picnic que Nicole y Guilmer recogieron por el camino.

La Isla no es accesible para silleros. Yo solo subí un tramo, hasta donde están los aseos, para la foto de rigor. Después me dediqué a rodearla desde abajo con la handbike y disfrutar del paisaje tan salvaje y único y del silencio (una vez que te alejas de la entrada a la isla).

La sal junto a la tierra (isla) está más blanda. Yo rodé un poco alejada para no quedarme atascada. No es peligroso, pero como iba sola mejor no arriesgar.

Imagen del pavimento salino.
Detalle del estado de la sal cercana a la isla

Cuidado porque allí es imposible medir las distancias. Mi idea era rodear la isla pero antes de darme cuenta estaba ya lejísimos y no quise aventurarme sin haber avisado.

Imagen de Cristina y su pareja sobre un terreno blanco compactado.
Uyuni

Selfie de Cristina, el fondo de la imagen es el suelo salino que parece un desierto.

Atardecer en Uyuni
Atardecer en Uyuni

 

El hotel era más accesible que el de Villamar: yo podía entrar en el baño, aunque no en la ducha. Y había 3 escalones para llegar al restaurante. Nosotros pudimos apañarnos, y como estaba pegado al salar, fuimos a descansar un rato y luego volvimos para ver la puesta de sol. El pueblo de Uyuni está lejos y si te alojas allí, o no se puede ir a descansar en todo el día, o hay que salir del salar corriendo tras la puesta de sol y recorrer los aproximadamente 75km que los separan. También se puede dormir en distintas comunidades cercanas al salar, pero me temo que esta opción no es apta para silleros.

Imagen de Cristina y su pareja entre cactus.
Isla Incahuasi

Ojalá te animes y puedas disfrutar de este lugar único. Ya me contarás.

Post escrito por Cristina.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, indica tu comentario
Por favor, indica aquí tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.