Con este viaje buscaba recuperar la sensación de ir descubriendo lugares y gentes como cuando hace ya muchos años recorrí otros países más exóticos sin la movilidad reducida que ahora me impide hacer algunas cosas, pero que me motiva para hacer otras que continúan estando a mi alcance.
Gracias a los medios técnicos y de información actualmente disponibles si nos lo proponemos podemos ir mucho más allá de lo que podemos imaginar. Y lo cierto es que logré mi objetivo e incluso superé las expectativas que tenia al iniciarlo.
Para realizar el recorrido de las Ciudades del Arte buscamos con mi pareja, una ruta organizada por una agencia desde España. Es cierto que preparándolo con tiempo este viaje te lo puedes organizar tú mismo, pero como queríamos tener cubierta la asistencia técnica durante el recorrido, por si fallaba la handbike que llevo de segunda mano y ya con unos cuantos km en su haber.
Nos decidimos por un viaje organizado y tuvimos poco tiempo para organizarnos así que para ello contactamos la ruta con la Agencia de Valencia Kolotrip, especializada en rutas en bici y nos consiguieron plaza en el último momento. A decir verdad, acertamos plenamente al elegirlos ya que el trato fue más que correcto y el precio una vez vistos los alojamientos, también. Nos facilitaron la información del viaje en un libro de ruta y en formato electrónico para guiarnos con una app en el móvil.
Para llegar al punto de inicio del recorrido en Bruselas escogimos ir con nuestro propio coche y así poder transportar la bici de manos híbrida y la de mi pareja, con ello evitamos pudieran ser dañadas en caso de haber viajado en avión. Ya sabemos que el trato a este tipo de equipaje no siempre es el mejor y no queríamos arriesgarnos a tener que finalizar el viaje antes de empezarlo con una avería mecánica. De manera que, después de dos días de viaje en coche, cruzando Francia y sus abarrotadas y caras autopistas, llegamos a la verde y preciosa Bélgica.
Las carreteras belgas para los coches son correctas, pero lo que son una maravilla son las infraestructuras para circular en bicicleta, la señalización de estas y sobre todo la cultura y el respeto que tienen por los ciclistas. Ni una sola vez en la semana que recorrimos el país, de este a oeste, tuvimos sensación de peligro ni recibimos un solo bocinazo de los pacíficos conductores belgas o de los turistas que también los había.
Las vías que tienen los coches tampoco son una maravilla, son correctas como dije antes, pero el respeto que tienen por el resto de los ocupantes de las mismas es de admirar, de igual modo los ciclistas siempre circulan con cautela y por donde les corresponde, en fin, tenemos mucho que aprender….
Antes de emprender la ruta pudimos dedicar una tarde a recorrer Bruselas y visitar su conocida Gran Place. Es una ciudad muy distinta a las del resto del viaje, se nota que es la capital administrativa de Europa, tiene zonas de modernos edificios comunitarios, una zona financiera y otras que podrían ser de cualquier otra ciudad europea.
La Gran Place es un hermoso conjunto (adoquinado) presidido por el Ayuntamiento, que tuvimos ocasión de visitar presenciando una actuación de acróbatas que no teníamos programada pero que fue una grata sorpresa. Como pega en la visita es que deberían advertir en las guías de que el edificio no está adaptado a visitantes con movilidad reducida y pese a tener una sola planta tiene unas cuantas escaleras durante el recorrido. Aún así valió la pena para poder contemplar su bonita decoración y el curioso espectáculo de acróbatas.

Primera etapa
El primer día de la ruta partiendo de Bruselas era el de mayor dificultad, con un recorrido previsto de 65 km hasta Malinas y con los mayores desniveles de la ruta, por ello no teníamos claro si sería demasiado para mí bici, ya que en las subidas tiene escasa tracción y me voy hacia atrás si la subida es un poco exigente y prolongada. Por ello decidimos pasar de largo esa parte del recorrido y fuimos en tren desde Bruselas para iniciar el recorrido desde Lovaina (Louven) que era el punto intermedio de la etapa, ahorrándonos el trayecto complicado desde Bruselas. Y la verdad es que esa ciudad nos gustó y mucho como punto de partida.
Tiene un interesante ambiente universitario y una magnífica arquitectura. El único inconveniente que tiene para alguien en silla de ruedas son los adoquines, como buena parte de las ciudades que visitamos. Y es que el encanto medieval de toda esta ruta tiene este peaje, por lo que recomiendo llevarlo todo bien amarrado, llevar piezas de recambio en la medida de lo posible y herramientas para ir ajustando las partes más sensibles al traqueteo que provoca la irregularidad de este tipo de firmes.
Lovaina tiene además una gran oferta gastronómica y una sensacional calle Bondgenotenlaan muy comercial y que va desde la estación de tren a su catedral,
vale la pena recorrerla con calma si tienes tiempo para pasear.

Pero nosotros no disponíamos de ese tiempo, teníamos que llegar a Malinas (Melchen) antes del anochecer, de manera que empezamos con la pedalada. Los caminos de la ruta suelen discurrir en su mayor parte paralelos a los canales y ríos belgas que están por doquier, y el asfalto de los caminos está en magnifico estado. Siendo la primera quincena de agosto además nos acompañó el buen tiempo y de vez en cuando se agradece la sombra de las grandes arboledas que van salpicando el recorrido.
Son muchas las familias, grupos de amigos y equipos ciclistas con los que cruzamos en nuestro viaje, el país respira este deporte por sus cuatro costados, no es de extrañar que tengan un potencial tan grande y buenos resultados en este deporte.
La primera etapa fue finalmente de 25 km y la completamos tranquilamente en un par de horas, gozando del entorno rural que es toda Flandes.
Llegados al alojamiento de Malinas nos aseamos y salimos a disfrutar de la ciudad (por cierto, alojamiento correcto y bastante céntrico). Resultó ser también una ciudad muy
agradable, con ambiente de vacaciones y mezcla de turistas y nativos. No es tan encantadora como Lovaina pero su centro y la Plaza principal (Grote Markt) muy bien conservada vale la pena ser recorrido, de nuevo a pesar de los adoquines. Por fortuna, como dije antes, no nos llovió apenas, de manera que no sabría decir si la silla con la que estuve desplazando sufriría mucho sobre los adoquines en los días de lluvia.

Segunda etapa
Después de un buen desayuno iniciamos, ahora si, la primera etapa completa de
Malinas a Puurs, una pequeña localidad rural en el camino hacia Gante.
La distancia de 39 km no se nos hizo excesiva, gracias a lo plano y ameno del
recorrido. Hay multitud de cruces, puentes, subidas y bajadas, preciosos pueblecitos y casas edificadas a la orilla de los ríos y canales que suponen un valor añadido del que disfrutar.
Hay que destacar que no existen demasiados establecimientos de restauración, supermercados o apeaderos durante todo el recorrido y, además, muchas veces los que encontrábamos estaban llenos o cerrados por su descanso vacacional del mes de agosto o bien tan sólo servían bebidas. Por ello, recomiendo llevar también provisiones y baterías de recambio para vuestros elementos de transporte que lo necesiten, lo mismo que baterías
auxiliares para los móviles.
Los caminos están muy bien señalizados, pero tener a mano el Google maps con toda la información del entorno disponible es un plus de comodidad y cuando el hambre aprieta un buen recurso para localizar donde comer fuera del recorrido de las bicicletas.

Tercera etapa
Al día siguiente reiniciamos recorrido después de pasar la noche en un hotelito muy correcto en Puurs, no era de la misma categoría que el de Bruselas o el de Brujas del final del recorrido, pero el entorno rural era calma en estado puro.
El objetivo del 3er día era llegar a la ciudad de Gante (Gant). El kilometraje el
mayor de toda la ruta, 70.7km e iniciamos la etapa desde Puurs con algunas dudas en el recorrido, ya que te internas en zonas boscosas alejadas de los canales y ríos y con suelos embarrados por las lluvias de días anteriores.
Superadas las dificultades de orientación iniciales fuimos resiguiendo el rio Escalda (Scheldt) que nace en Francia y se interna en Bélgica recorriendo Flandes y sirviendo de fondo de nuestro viaje. Son varias las veces que para seguir el recorrido diseñado por la agencia es necesario cruzar el rio usando los transbordadores gratuitos que suelen cruzar frecuentemente de un lado a otro, como en Sint Amands.

El día era caluroso y con poca sombra, después de parar a comer en uno de los pocos establecimientos abiertos decidimos buscar una localidad en la que tomar el tren a Gante. Con ello quisimos acortar el recorrido y tener tiempo de descansar y disfrutar más tarde de esa ciudad. Y es que el viaje que hicimos tiene esta flexibilidad, según el día, las ganas y las circunstancias, haces de más o de menos y después de estar unas horas pedaleando al sol preferimos acortar y terminar la etapa usando transporte colectivo. Los trenes son modernos y espaciosos y quizás por ser Agosto no iban muy llenos de manera que pudimos subir con nuestras bicis al tren, recibiendo ayuda de los revisores para poder elevarlas
porque muy accesible no era la estación (Dendermonde) ni el tren.
La llegada a la estación de Gante si que tiene lo preciso para circular en vehículos adaptados y destacar que a la salida te das cuenta de que en este país el principal medio de transporte es la bici. Existen varios parkings al aire libre delante mismo de la estación con millares de bicis estacionadas. Es increíble el espacio que destinan a las misma en pleno centro de la ciudad y más increíble es aún que las puedan tener ahí aparcadas (bien atadas con sus candados) cosa que aquí es inconcebible. Otro reto que cada propietario tendrá será recordar donde la dejó si pasan muchos días antes de ir a retirarla en medio de tal enjambre de manillares y ruedas. ESPECTACULAR!

La ciudad de Gante tiene una hermosa zona central medieval y cómo no, con su zona adoquinada, pero con canales y más canales que la rodean y embellecen sus edificios ya de por si bellos y bien conservados. Respira esta ciudad un ambiente cosmopolita y pausado que merecería más de una jornada para visitarla y descubrirla a fondo.
Pese a no disponer de más tiempo con la ayuda de las bicis es fácil recorrerla y al ritmo de los pedales todo es más pausado y vistoso.
No pudimos marcharnos de allí sin probar los gofres con fresas y chocolate, que vienen a ser como las patatas bravas de los belgas y que no pueden dejar de degustarse. Preferibles a mi entender que sus patatas fritas en manteca, la verdad, pero a gustos colores y tenéis donde elegir de los dos tipos de souvenirs gastronómicos.

Hasta aquí la primera parte de esta aventura.
Post escrito por Joaquim.
Descubre la segunda parte de este viaje ➡️ RUTA EN HANDBIKE HIBRIDO DE BRUSELAS A BRUJAS (parte 2)

