Roma es una de esas ciudades que hay que visitar al menos una vez en la vida. Historia, arte y monumentos aparecen prácticamente en cada esquina, pero cuando se viaja en silla de ruedas hay una pregunta inevitable: ¿es Roma accesible?
Después de pasar cuatro días recorriendo la Ciudad Eterna sobre ruedas, podemos decir que Roma se puede disfrutar en silla de ruedas, aunque conviene planificar bien el viaje y saber de antemano que no siempre va a ser fácil.
A su favor juega que muchos de sus principales monumentos y museos cuentan con medidas de accesibilidad para silleros. En su contra, una ciudad histórica con calles adoquinadas, aceras estrechas, desniveles y recorridos que pueden resultar bastante incómodos en silla de ruedas.
En este os cuento nuestra experiencia durante cuatro días en Roma: cómo llegar, dónde dormir, qué lugares visitar y, sobre todo, cómo moverse por la ciudad en silla de ruedas.
Cómo llegar a Roma
Para nuestro viaje a Roma volamos desde Zaragoza hasta el aeropuerto de Roma-Fiumicino. En esta ocasión elegimos Wizz Air, que cuenta con conexión directa entre ambas ciudades.
Como siempre que viajamos en avión con una silla de ruedas, solicitamos previamente el servicio de asistencia para personas con movilidad reducida (PMR) tanto en el aeropuerto de Zaragoza como en Fiumicino. Este servicio es necesario para recibir ayuda durante el recorrido por el aeropuerto, acceder al avión y, una vez llegamos al destino, poder desembarcar y recuperar nuestra silla de ruedas. En Viajar en avión con silla de ruedas os explicamos cómo viajar en avión con silla de ruedas.
Nuestra experiencia fue buena en ambos aeropuertos. Tanto a la ida como a la vuelta recibimos la asistencia que necesitábamos y el proceso se desarrolló con normalidad.
Superado el primer reto de cualquier sillero que viaja en avión —llegar a destino y comprobar que la silla también ha llegado sana y salva—, ya estábamos preparados para empezar nuestros cuatro días en Roma.
Del aeropuerto al centro
Para llegar desde el aeropuerto de Fiumicino hasta el centro de Roma utilizamos el tren que conecta directamente el aeropuerto con la estación de Termini.
El acceso al tren es a cota cero y en el interior dispone de una zona reservada para personas con movilidad reducida. Además, no es necesario solicitar asistencia con antelación así que «llegar y besar el santo«, como se suele decir.
Cómo moverse por Roma
Roma tiene una particularidad: muchos de los lugares que queremos conocer están relativamente cerca unos de otros y recorrer la ciudad rodando es una de las mejores maneras de descubrirla. Pero hacerlo en silla de ruedas tiene sus dificultades. Los famosos sampietrini, los adoquines tan característicos de Roma, pueden resultar bastante incómodos. A ellos se suman aceras estrechas y muchas sin rebajes así que ¡Paciencia!
Como sabéis yo me muevo con silla manual pero para ciudades como ésta me suelo llevar la Freewheel para que me resulte más cómodo moverme sin tener que estar todo el tiempo haciendo caballitos.
Para movernos por Roma optamos principalmente por el autobús urbano. Nos resultó una opción muy cómoda, ya que la red es amplia y permite llegar prácticamente a cualquier punto de la ciudad. Existen diferentes tipos de billetes: individuales, bonos de varios viajes y abonos para uno o varios días. Nosotros compramos el abono de 3 días, que permite utilizar el transporte público de forma ilimitada durante ese periodo. Se llama Roma 72 h y nos costó 22 € por persona. Te permite viajar 72 horas consecutivas en autobús, metro, tranvía y trenes urbanos de la ciudad.
También existe una tarjeta de 10 viajes. Si utilizáis esta opción, recordad validar siempre el billete al subir al autobús. Los revisores realizan controles aleatorios y viajar sin el billete correctamente validado puede suponer una multa importante, que ronda los 100 € y debe abonarse en el momento (precio comprobado en junio de 2026).
Dónde dormir
Para alojarnos elegimos el Best Western Premier Hotel Royal Santina, situado justo frente a la estación de Termini. La ubicación nos pareció muy cómoda, tanto para llegar desde el aeropuerto como para movernos después por Roma, ya que desde Termini salen numerosos autobuses hacia las principales zonas turísticas de la ciudad.
Además, el Coliseo está aproximadamente a media hora andando desde el hotel, así que también es un buen punto de partida para recorrer Roma paseando.
Nuestra habitación era amplia y el baño nos resultó cómodo. La ducha estaba a cota cero y tenía una mampara que podía abrirse completamente, facilitando bastante la movilidad y las transferencias. Eso sí, no disponía de asiento de ducha.
En estos casos yo suelo enfundar mi propia silla para poder utilizarla en la ducha. Si queréis saber cómo lo hago, os lo cuento en este post sobre cómo impermeabilizar la silla para utilizarla como asiento de ducha.
A continuación os cuento cómo organizamos las visitas día a día, por si os puede ayudar.
Día 1
Nuestro primer día lo dedicamos a pasear y empezar a descubrir algunos de los lugares más conocidos de Roma. Visitamos Piazza Navona, la Fontana di Trevi, Piazza Mignanelli y terminamos en la famosa Plaza de España.

Importante: para entrar dentro del recinto de la Fontana de Trevi hay que reservar previamente. Es aconsejable que lo hagáis porque sino la veréis desde fuera. Os dejo Enlace a compra de entradas Fontana de Trevi
Moverse por el centro histórico en silla de ruedas es posible, aunque hay que estar preparado para los adoquines, que están presentes en buena parte del recorrido y hacen que algunos tramos sean bastante incómodos.
Por la noche nos fuimos hasta el Trastevere para cenar y disfrutar del ambiente de uno de los barrios con más encanto de Roma.
Día 2
La mañana del segundo día estaba reservada para uno de los grandes imprescindibles del viaje: el Coliseo.
Las personas con discapacidad tenemos entrada gratuita junto con un acompañante. En nuestro caso no compramos las entradas previamente, ya que la entrada gratuita se gestiona directamente allí. Además, no tuvimos que hacer la fila general y pudimos acceder directamente.
Y aquí llegó una de las grandes sorpresas del viaje. Prácticamente todo el recorrido que realizamos por el Coliseo era accesible en silla de ruedas. En el interior hay ascensores que permiten acceder a diferentes niveles y también dispone de aseos adaptados.
Resulta alucinante poder recorrer en silla de ruedas un espacio con más de 2.000 años de historia. Y, sobre todo, comprobar cómo las medidas de accesibilidad pueden integrarse en un monumento de estas características permitiendo que las personas con movilidad reducida también podamos conocerlo. Una experiencia que inevitablemente nos hizo pensar en las dificultades que todavía encontramos en España para incorporar este tipo de soluciones en muchos espacios patrimoniales.
Por la tarde-noche habíamos reservado un free tour para conocer mejor la historia de Roma. Fue una experiencia genial y una forma muy entretenida de recorrer los principales puntos del casco histórico mientras conocíamos algunas de las historias y curiosidades de la ciudad.
Día 3
El tercer día lo dedicamos prácticamente por completo a visitar la Ciudad del Vaticano. Como ocurre en el Coliseo, las entradas para personas con discapacidad no se pueden reservar con antelación, así que las gestionamos directamente allí. La entrada es gratuita para la persona con discapacidad y un acompañante y, además, no es necesario hacer la cola general.
Dedicamos toda la mañana a recorrer los Museos Vaticanos. El itinerario es accesible para personas usuarias de silla de ruedas y existen ascensores y recorridos alternativos para salvar los desniveles.
En nuestro caso tuvimos un pequeño contratiempo: no pude acceder a la Capilla Sixtina porque el salvaescaleras estaba averiado. Una pena, aunque sabemos que normalmente sí es posible visitarla en silla de ruedas porque en un viaje anterior a Roma pude acceder sin problemas.
Después de una intensa mañana en el Vaticano, terminamos el día paseando por el centro y visitando el Panteón. Y de ahí, vuelta al hotel a descansar, porque al día siguiente tocaba regresar a casa.
Si os preguntáis si merece la pena visitar Roma mi respuesta sería ¡Sin duda! Roma tiene sus dificultades: adoquines, pavimentos irregulares y un patrimonio con más de 2.000 años de historia que no siempre lo pone fácil. Pero también nos ha sorprendido la accesibilidad de muchos de sus grandes monumentos y las posibilidades para recorrer la ciudad en silla de ruedas.
Con un poco de planificación, Roma se disfruta, y mucho. Así que nuestro consejo es claro: prepara la silla, planifica el viaje y ¡lánzate a descubrir la Ciudad Eterna sobre ruedas!
Escrito por Kity







