En mayo de 2026 decidimos embarcarnos en el Costa Smeralda para hacer un crucero por el Mediterráneo.
El primer día viajamos en tren Iryo de Madrid a Barcelona, de donde salía el barco. Todo super accesible y sin ningún problema. Desde la estación de tren cogimos un taxi adaptado hasta el puerto y embarcamos por una fila preferente para personas con discapacidad.

Dentro del barco también estaba todo genial. El camarote, en el puente 9 y con balcón, súper bien adaptado para silla de ruedas, muy amplio y cómodo. Por el barco también es todo bastante accesible, hay varios baños adaptados y bastantes ascensores, aunque hay tanta gente que muchas veces resulta muy difícil cogerlos. Además, en los restaurantes hay varios sitios reservados para silla de ruedas.



El segundo día llegamos a Ibiza. Allí no teníamos excursión, así que fuimos paseando por el paseo marítimo hasta la zona más comercial del puerto, una ruta muy cómoda y agradable.

El paquete que cogimos para el crucero incluía 3 excursiones, y ahora Costa tiene algunas accesibles, calificadas como «adagio tour». Hay que reservarlas con antelación para que te confirmen que pueden cubrir tus necesidades, pero al menos hay una opción más para hacer visitas que antes no había.
El tercer día fue todo de navegación. Estuvimos paseando y tomando el sol por el barco, aunque era un poco agobiante con tanta gente. En la planta 18 hay silla para meterse en la piscina solo de adultos, pero fue imposible probarla por la cantidad de gente que había y porque tampoco había personal allí para ayudarnos.


El cuarto día llegamos a Palermo. Allí teníamos excursión, así que nos recogió el autobús y visitamos el santuario del Monte Pellegrino y la Catedral, dando un paseo por ambas zonas. En general la ciudad no se ve muy accesible, la mayoría de locales tienen escalones y las calles no están en muy buen estado para transitar, pero a los sitios que visitamos con el autobús pudimos acceder sin problema.


El quinto día paramos en Civitavecchia, donde teníamos una excursión a Roma. Allí el autobús nos llevó a hacer un tour panorámico visitando sin bajar la Pirámide de Roma, las Termas de Caracalla, el Circo Máximo, el Coliseo o Santa María la Mayor. Después nos dejó en la zona de El Vaticano para ver la Plaza de San Pedro y su Basílica. Allí comimos en la terraza un pequeño restaurante unas pocas calles atrás, y llegamos a ver por fuera el Castillo Sant Angelo, pero no teníamos tiempo para más. La zona del Vaticano es muy incómoda para rodar por tanto empedrado, pero me quedo con ganas de volver a esta magnífica ciudad para descubrir todos sus encantos.

El sexto día llegamos a Savona. Allí no teníamos excursión pero bajamos del barco y fuimos a visitar la ciudad, que está pegada al puerto, recorriendo la Torretta y Fortaleza del Piamar, el centro histórico y la catedral. En la Fortaleza pude entrar fácilmente, pero el centro histórico fue difícil por el adoquinado y la mayoría de comercios con escalones.

El séptimo día paramos en Marsella. Allí teníamos la última excursión, que nos llevó a ver el Palacio de Longchamps, el paseo marítimo, la catedral y el puerto viejo. Como todos los centros históricos, fue complicado por adoquinado y escalones, pero el paseo marítimo es bastante moderno y está muy bien.

Y el octavo día volvimos a Barcelona. Desembarcamos, cogimos un taxi y fuimos a la estación a coger el tren a Madrid.

Lo que más me gustó del viaje fue la comodidad de visitar varios lugares de manera muy cómoda, con el hotel ‘a cuestas’, aunque te quedas con ganas de más.
¡Una aventura 100% recomendable!

Puedes ver más fotos y vídeos del viaje en mi Instagram @laura.sanchez.92
Post escrito por Laura Sanchez.


Mi ilusión es hacer un crucero también por el Mediterraneo, pero con lo que cuentas de cómo están las calles de las ciudades donde para el barco, la verdad esque se me quitan las ganas….
Hola! Bueno, es complicado, perp yo creo que merece la pena!