Asturias es uno de esos destinos a los que siempre nos apetece volver. Nos encanta, pero curiosamente nunca habíamos estado allí con Fran, así que era una escapada familiar que teníamos pendiente desde hacía tiempo.
Y qué mejor momento para ponerle remedio que en plena ola de calor. Mientras en buena parte de España las temperaturas eran casi insoportables, en Asturias disfrutamos de días agradables y de noches en las que incluso se agradecía ponerse una sudadera. ¡Una auténtica maravilla en pleno verano!
Además, Asturias tiene algo que me encanta cuando viajamos con niños: siempre hay un plan. Puedes disfrutar de la costa, recorrer pueblos, acercarte a la montaña, visitar museos, descubrir cuevas… y, si aparece la lluvia —algo que por estas tierras tampoco sería demasiado extraño—, cambiar de planes y seguir disfrutando del viaje.
Dónde dormir
Para este viaje elegimos alojarnos en el concejo de Onís, en pleno oriente interior de Asturias, una ubicación que nos vino genial como punto de partida para hacer excursiones y conocer diferentes lugares de la zona.
Nuestro alojamiento fue Ambasaguas, un complejo de turismo rural formado por varias casitas divididas en apartamentos turísticos. Uno de estos apartamentos está adaptado para personas usuarias de silla de ruedas y fue precisamente en el que nos alojamos nosotros.
El apartamento es tipo loft y en el exterior tiene una pequeña terraza con una mesa de picnic que se convirtió en nuestro comedor particular durante las vacaciones. Allí desayunábamos cada mañana y cenábamos al regresar de nuestras excursiones.

Pero una de las cosas que más nos gustó de Ambasaguas fueron sus zonas comunes. Si viajáis con chavalería, son un auténtico puntazo. Hay porterías de fútbol, red de vóley y una zona cubierta con billares, futbolín y mesa de ping-pong. También tienen una zona de asadores con mesas donde poder comer o cenar al aire libre.
Nosotros solíamos pasar prácticamente todo el día fuera haciendo excursiones y regresábamos al alojamiento al atardecer. Y ya sabéis cómo funciona esto con los críos: tú llegas pensando únicamente en sentarte y descansar, pero ellos todavía tienen energía para rato. Así que tener una zona de esparcimiento donde pudieran seguir jugando mientras nosotros bajábamos un poco el ritmo nos vino de lujo.
Ideas para visitar con silla de ruedas
Cuevona de Cueva
Uno de los lugares más curiosos que visitamos durante nuestro viaje por Asturias fue La Cuevona de Cuevas. Y es que para llegar a este pequeño pueblo hay que atravesar literalmente una cueva natural.
El acceso de vehículos está restringido, pero las personas con discapacidad que dispongan de tarjeta de estacionamiento pueden entrar con el coche, algo que nos facilitó mucho la visita.
Una vez dentro, merece la pena recorrer La Cuevona tranquilamente. Junto a la calzada hay acondicionado un itinerario peatonal retroiluminado que permite atravesar el interior de la cueva y disfrutar de sus formaciones. El suelo es liso, sin pendientes importantes y nosotros pudimos recorrerlo cómodamente con la silla de ruedas.
Después estuvimos dando una vuelta por Cuevas, un pueblecito pequeño pero con muchísimo encanto, rodeado de ese paisaje verde tan característico de Asturias. Aprovechamos también para tomar algo en el chiringuito que hay a la entrada y desde allí nos animamos a dar un paseo hasta un puente colgante situado a poco más de un kilómetro.
El camino nos permitió disfrutar un poco más del entorno, aunque al llegar al puente nos encontramos con que no era accesible para la silla de ruedas. Eso no impidió que Izaskun y Fran se lanzaran a cruzarlo en modo Indiana Jones, con el río Sella pasando justo por debajo.
Y de regreso al pueblo llegó uno de esos momentos improvisados que al final también forman parte de los viajes. Nos encontramos una canasta de baloncesto y, junto a ella, un balón que alguien había dejado colgado dentro de una bolsa para que cualquiera pudiera utilizarlo. Así que allí estuvimos un buen rato los tres intentando encestar.
Porque cuando viajamos con niños, muchas veces los mejores planes son precisamente los que no estaban en el planning.
Museo de Fernando Alonso
Otro de los planes que podéis incluir en vuestro viaje por Asturias es visitar el Museo Fernando Alonso, que también es accesible. Si sois aficionados a la Fórmula 1, seguramente no necesitéis demasiadas razones para acercaros, pero incluso si el mundo del motor no es lo vuestro, me parece una visita bastante curiosa.
En el museo se pueden ver algunos de los monoplazas y coches con los que ha competido Fernando Alonso a lo largo de su carrera, además de cascos, monos, trofeos y otros objetos que permiten hacer un recorrido por su trayectoria deportiva.
Y para quienes quieran algo más de emoción, junto al museo hay un circuito de karting que hará las delicias de los amantes de la velocidad.
En nuestro caso no nos lanzamos a la pista, pero sí pudimos verla desde un mirador acristalado situado en la primera planta. Se llega hasta allí mediante ascensor, así que pude acceder sin problema con la silla de ruedas y disfrutar también del ambiente del circuito.
Es una visita diferente y un buen plan para intercalar entre tanta naturaleza, pueblos y paisajes asturianos.
Covadonga
Otro de los lugares que no podía faltar en nuestro viaje era Covadonga. Independientemente de las creencias de cada uno, el entorno merece muchísimo la pena y me parece uno de esos sitios que hay que conocer al menos una vez si viajáis por Asturias.
Con silla de ruedas pudimos acceder al interior de la Basílica de Santa María la Real de Covadonga y recorrer buena parte del entorno. También es posible acercarse prácticamente hasta la entrada de la Santa Cueva, excavada en plena montaña, aunque el último tramo tiene escaleras y no es accesible con silla de ruedas.
Más allá de los edificios religiosos, simplemente pasear por Covadonga ya merece la visita. El paisaje que rodea el santuario es espectacular y encontramos plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida y aseos adaptados, algo que siempre facilita las cosas cuando pasamos varias horas visitando un lugar.
También entramos en el Museo del Santuario, donde además de contemplar diferentes piezas de arte religioso pudimos conocer un poco mejor la historia de Covadonga y cómo ha ido evolucionando este lugar a lo largo de los años. El museo dispone de ascensor para comunicar las diferentes plantas y cuenta con aseos con cabina adaptada para personas con movilidad reducida.

Y nosotros tuvimos además un pequeño extra. Justo el día de nuestra visita coincidimos con una concentración de coches antiguos, así que entre la basílica, el museo, el entorno y los coches, prácticamente se nos fue toda la mañana.
Covadonga nos pareció una visita muy recomendable para hacer en familia y, aunque no todos sus espacios son accesibles, pudimos disfrutar de buena parte del conjunto con la silla de ruedas.
Visitar una quesería
Estando alojados en el concejo de Onís, una de las visitas más sabrosas que podéis hacer es acercaros a alguna de sus queserías para descubrir cómo se elaboran algunos de los quesos más característicos de Asturias, como el Gamonéu o el queso Picón.
En algunas queserías organizan visitas guiadas en las que explican todo el proceso de elaboración, desde la materia prima hasta la maduración del queso. Es una forma muy entretenida de acercarse a una tradición que forma parte de la cultura y la gastronomía de esta zona de Asturias.
Durante nuestra visita pudimos conocer incluso una recreación de una antigua cueva de pastor, utilizada tradicionalmente para la maduración de los quesos, que en este caso era completamente accesible con silla de ruedas. Ver la accesibilidad de Quesería Vega de Ario
Y, como no podía ser de otra manera, la visita terminó con una degustación. Porque conocer cómo se hace el queso está muy bien, pero poder probarlo después está todavía mejor.
No se me ocurre una forma más sabrosa de conocer Asturias.
Descenso del Sella
En realidad, todo este viaje por Asturias comenzó con un objetivo muy concreto: participar en el Descenso del Sella Adaptado organizado por FEDEMA y la Escuela Asturiana de Piragüismo.
Era una actividad que nos apetecía muchísimo hacer en familia, pero que reconozco que nos daba cierto respeto intentar por nuestra cuenta. Así que cuando descubrimos que el primer domingo de agosto se organiza este descenso adaptado, tuvimos claro que queríamos probarlo.
Y la experiencia fue una auténtica pasada.
Participan más de 120 canoas, muchas de ellas con personas con discapacidad. Cada participante puede ir acompañado por una persona que ofrece el apoyo necesario y que, por supuesto, también se encarga de remar cuando hace falta. En mi caso, digamos que mi acompañante tuvo que remar… prácticamente durante toda la prueba.
También podéis participar junto a familiares. Nosotros lo hicimos así: Izaskun compartió canoa con nuestro hijo y a mí me tocó un auténtico campeón de campeones como compañero. Gracias a su experiencia y, sobre todo, a su capacidad para remar por los dos, casi, casi conseguimos subir al podio. Finalmente quedamos en cuarta posición, que tampoco está nada mal.

La mayor parte del recorrido se hace tranquilamente, disfrutando del Sella, del paisaje y del ambientazo que se forma entre todas las embarcaciones. Pero ojo, porque los últimos tres kilómetros son competitivos y ahí se acabó el paseo. ¡Había que darlo todo!
Al terminar nos trasladamos al polideportivo, donde pudimos asearnos, cambiarnos de ropa y participar en una comida de hermandad con el resto de participantes.
Eso sí, tened en cuenta que es una jornada larga. Nosotros empezamos alrededor de las 9:00 de la mañana y llegamos a comer hacia las 15:00. Así que después de remar, competir, cambiarnos y dar buena cuenta de la comida de hermandad, el siguiente plan fue aprobado por unanimidad familiar: siesta general.
Si utilizáis silla de ruedas y alguna vez os ha apetecido hacer el Descenso del Sella pero no os habéis atrevido a organizarlo por vuestra cuenta, esta puede ser una oportunidad fantástica para vivir la experiencia con los apoyos necesarios. Para nosotros fue uno de los grandes momentos del viaje y, además, la excusa perfecta para volver a Asturias.
En definitiva, Asturias siempre nos alucina. En esta ocasión ha sido un viaje en familia al que no le ha faltado de nada, gastronomía, naturaleza, cultura y aventura.
Espero que estas ideas os ayuden a organizar vuestra escapada al Paraíso.
Escrito por Kity









